Ya nada queda por decir: Harlod Whittles

Intro

            Quizás sea demasiado mundano como para atribuirme aquellas palabras que, a través de mis manos, encuentran lugar en un papel. No puedo evitar sentirme ajeno a esos textos que llevan mi nombre, pues al leerlos, no me encuentro en ellos. Son, en el más optimista de los casos, una recapitulación de ideas que sé no me pertenecen. Ideas que se apoderan de mí inopinadamente, al mirar por la ventana en una tarde nublada o contemplar un momento perfecto. Me consumen por las noches cuando, en penumbras, quedo a la merced de mis pensamientos y no convalezco sino hasta el momento cuando, inerme ante ellas, cedo y les encuentro una forma. Soy, entonces, tan solo un medio para entidades que rebasan mi comprensión, y que han sido concebidas largo tiempo antes de llegar a mí. Las percibo inscriptas en textos centenarios de grandes autores, con una perspicacia que excede mis limitaciones. Encuentro consuelo únicamente al pensar en que quizás las grandes ideas no tengan propietarios, y que tal vez algún día encuentre una de ellas escrita con perspicuidad en un texto que pueda llamar propio.

domingo, 31 de mayo de 2009

Harlod Whittles


El momento capturado por esta foto es el preciso instante en el cual Harold Whittles -un nene de cuatro años, sordo de nacimiento- escuchaba por primera vez un sonido; posible, únicamente, a través del audífono que se ve en su oreja izquierda. Un relato anónimo sobre aquel día:

"La sala de espera es un lugar frío y silencioso. El suelo, las blancas baldosas del suelo, parecen mucho más muertas, más inertes, más insensibles, que el suelo de cualquier otro lugar.

El pequeño Harold espera junto a su madre, sentado en una incómoda silla de plástico. Sus pies quedan colgando en el aire; no tocan el desangelado suelo, y eso le alivia. Su madre viste un traje beige estampado. Tiene las manos encima de las rodillas y no para de mover los dedos. Parece nerviosa. Está nerviosa.

Harold mira a su alrededor. En la sala hay más gente; todos están enfermos, pero al pequeño le parecen más que eso, le parece que todos estén muertos. Sus ojos no tienen vida, no brillan; y sus miradas se pierden en el vacío.

Una puerta se abre y el doctor se asoma a la sala de espera, echa un vistazo a su alrededor y llama Harold por su nombre, aunque el chico no puede oírle.

La madre del pequeño se levanta arrastrando a éste del brazo. Saluda al doctor y entran en la consulta. La puerta se cierra.

El doctor es un hombre corpulento, de unos cincuenta y cinco años; su cabello es blanquecino, como si le acabase de caer una nevada encima, sus carrillos están sonrojados y tiene una gigantesca sonrisa dibujada en el rostro.

Harold está asustado y cierra los ojos mientras el doctor le examina los oídos. Así, con los ojos cerrados, al pequeño le parece que el mundo haya dejado de girar. Todo está oscuro y silencioso. Percibe un lejano olor, quizá desinfectante, aunque no está seguro. Se imagina que el cielo debe oler de esa manera; como si continuamente lo acabaran de limpiar.

Entonces ocurre algo inesperado. El pequeño Harold cree percibir un sonido. El doctor camina por la consulta y le parece que de forma casi imperceptible pueda escuchar sus pasos; muy a lo lejos, como si fueran gotas de lluvia chocando contra el asfalto.

Asustado abre los ojos e intenta buscar a su madre; la luz de la sala le ciega y no consigue ver con claridad. Desesperado intenta llamar su atención, y sin darse cuenta emite un resquebrajado sonido intentando que su madre se acerque. Y justo en ese instante, en ese preciso momento, el pequeño Harold Whittles escucha por primera vez su voz."

3 comentarios:

  1. No sabia que habias hecho este blog.
    Leí todas las entradas ya jaja. están muy buenas, también me gusto mucho la selección de arte plástico-

    ResponderEliminar
  2. Emo,
    Muy bueno todo. ¿como estas eligiendo lectura y autores?
    Aprovechá para leer mucho, y seguir asi enriqueciendo ideas y produccion.

    Que no pareeee !!!! Aldo

    ResponderEliminar
  3. me encanto ... se me puso la piel de gallina con el nenito jaja

    ResponderEliminar